Historia de la Escuela de Estudios Árabes

© Camilo Álvarez de Morales

El 4 de febrero de 1932 la Gaceta de Madrid publicó una Ley, aprobada el 27 de enero del mismo año, por la que se creaban las Escuelas de Estudios Árabes de Madrid y de Granada. La finalidad que se buscaba era «proteger y fomentar los estudios árabes en España», como se hacía constar en el Preámbulo de la Ley.

La consecución de un centro de esta características en Granada, venía precedida de una larga serie de peticiones, casi siempre encabezadas por la Facultad de Letras y la cátedra de árabe, que arrancan prácticamente de la mitad del siglo XIX. Las respuestas a tales inquietudes se verían plasmadas en la aparición de revistas como La Estrella de Occidente, o La Alhambra, y la creación de la Unión Hispano Mauritánica, con su Boletín. Era poco y se aspiraba a conseguir algo de mayor entidad.

En los primeros años del siglo XX, y más concretamente en 1910, la fundación del Centro de Estudios Históricos de Granada y su Reino, con su correspondiente Revista, supuso el primero de los logros firmes. Si bien el Centro y su Revista realizaron actividades y acogieron trabajos de diversa índole, la circunstancia de que a su frente estuviera D. Mariano Gaspar y Remiro, hebraísta y arabista, hizo que prácticamente la mitad de lo que se llevaba a cabo se refiriera a temas árabes. La Revista dejó de publicarse en 1925, con 15 números aparecidos. En medio (1919) un fallido intento de establecimiento de una Escuela de Africanistas, repetido en 1923 con el de un Centro de Estudios Africanos, que tampoco tuvo éxito.

El Centro de Estudios Históricos iba a tener una repercusión muy positiva para el arabismo granadino pues creó un ambiente propicio para que, cuando se vuelve a plantear la idea de crear un nuevo núcleo, ahora ya claramente dedicado al estudio de temas árabes, tal idea fuera plenamente aceptada.

Posiblemente la presencia de D. Emilio García Gómez en Granada y el revulsivo que supuso para el arabismo local, fuera el complemento de aquel ambiente creado ya. Hasta tal punto debió ser decisiva su gestión que en el primer momento sólo se pensó en la existencia de una Escuela en Granada y sólo a instancias suyas se fundó la de Madrid, teniendo en cuenta que allí estaban los grandes maestros del arabismo nacional.

En el texto de la Ley que las Cortes sancionaron se especificaba que la Escuela de Madrid tendría como fin primordial el de «dirigir y fomentar las investigaciones científicas sobre la historia, la civilización y la vida «musulmana». A la de Granada se le asignaba como tarea prioritaria «la enseñanza superior de las lenguas y civilización arábigas, así como el hebreo y rabínico, y la atracción de la juventud musulmana, labores que completarán con trabajos de investigación científica». Para cumplir el primero de los fines, se establecía la enseñanza del árabe y el hebreo, la historia política y cultural de los musulmanes, el derecho y las instituciones islámicas, estudios específicos sobre temas marroquíes, dialectología y arte y arqueología. Los frutos de la investigación se publicarían, conjuntamente con la Escuela de Madrid, en una revista especializada, Al-Andalus, y en una serie de obras monográficas. Todas las publicaciones llevarían el doble pie de imprenta Madrid-Granada.

Otra peculiaridad de la Escuela de Granada, consecuencia de su orientación pedagógica hacia alumnos de países árabes, era la creación de una «posible» Residencia para albergarlos. Todo ello, siempre siguiendo el texto de la Ley aludida.

En el momento de su creación la Escuela de Estudios Árabes de Granada era aneja, aunque independiente, de la Facultad de Letras de la Universidad. La regía un Patronato formado por el Rector, el Decano de la Facultad de Letras, el Arquitecto Conservador de la Alhambra y dos catedráticos de la misma Facultad, uno de libre designación y el otro el de Lengua Árabe, que sería el Director Técnico del Centro. Las misiones de aquel Patronato eran las de organización interna, nombramiento de profesores y becarios, gestión presupuestaria y organización de la enseñanza y los trabajos científicos. Anualmente debía presentar Memoria al Ministerio de Instrucción Pública.

Tanto la de Granada como la de Madrid estaban facultadas para expedir a sus becarios certificados de suficiencia, como mérito posterior en oposiciones y concursos a cátedras de la especialidad, puestos diplomáticos o consulares en países de lengua árabe y plazas de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en centros que dispusieran de fondos árabes. La de Granada, además, podía conferir a los licenciados en Filología Semítica de universidades españolas o a los orientales y extranjeros con títulos equivalentes, el Grado de Doctor, mediante pruebas similares a las que se exigían en la Universidad de Madrid.

Finalmente, señalar que la misma Ley fundacional indicaba que la sede de la Escuela sería la Casa del Chapiz. En cuanto a la asignación presupuestaria fue de 120.000 pesetas, que incluían gastos de instalación, adquisición de fondos bibliográficos, mantenimiento, personal, viajes, cursos y conferencias.

Con D. Emilio García Gómez como director la Escuela se inauguró oficialmente el 21 de octubre de 1932.

Fueron cuatro las secciones de la Escuela en aquellos años. I. Filología, englobando Lengua y Literaturas Árabe y Hebrea y Estudios Marroquíes y Dialectología. II. Derecho e Instituciones islámicas. III. Historia política y cultural de los musulmanes. IV. Arte y Arqueología arábiga. La enseñanza impartida en aquellas secciones era válida para la Licenciatura en Filología Semítica.

Junto a los cursos, se iba formando una biblioteca especializada, se constituían Seminarios de Investigación y se organizaban cursos monográficos, conferencias y viajes científicos. Al mismo tiempo, se habían adjudicado distintas becas, de las cuales cuatro se destinaban a marroquíes.

La marcha en 1935 de D. Emilio García Gómez a Madrid, iba a enlazar con el período de 1936-39 que, lógicamente, también iba a repercutir en la vida de la Escuela. Hasta tres directores accidentales se sucedieron a su frente, consiguiendo, al menos, que permaneciera abierta en espera de los acontecimientos que hubieran de sobrevenir.

En 1939, finalizada la guerra, la creación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas iba a suponer la integración de la Escuela en este nuevo organismo. Con ello desaparecía el antiguo Patronato, las enseñanzas pasaban a la Facultad de Letras, se modificaban los estatutos en cuanto a competencias del centro y se creaban nuevas secciones, respetando, básicamente, el esquema anterior.

Lo fundamental, desde luego, sería el cambio de orientación, pasando, como correspondía al nuevo organismo, a convertirse en un centro dedicado prioritariamente a la investigación.
Algo del antiguo espíritu de la Ley fundacional pervivió. Se mantuvieron las clases de árabe literal y dialectal y se fomentó la relación con Marruecos. Incluso una faceta contemplada en la Ley, pero creo que no cumplida hasta esa segunda etapa, la de acondicionar una residencia para alumnos orientales, se hizo realidad con la creación de la Casa de Marruecos en 1945. Esta institución dependía de la Escuela, siendo su director el mismo para ambas. Además de alojar alumnos marroquíes que acudían a diversos centros de enseñanza y Facultades de Granada, otros cursaban sus estudios en la propia Escuela, que versaban sobre lengua, literatura e historia de la España musulmana y del Norte de África, y Derecho. La finalidad era preparar a estos alumnos para obtener un título equiparable al que se concedía en el Centro de Estudios Marroquíes de Tetuán.

Para albergar a la Casa de Marruecos se compró y acondicionó el actual Carmen de la Victoria, situado en la misma Cuesta del Chapiz frente a la Escuela, siendo ésta la que provisionalmente alojó a los integrantes de la Casa, en tanto se disponía del Carmen.

En cuanto a la Escuela en sí, su dependencia del Consejo hizo que se le incluyera en el Instituto «Arias Montano» de Estudios Árabes y Hebraicos, perteneciente, a su vez, al Patronato «Marcelino Menendez Pelayo», junto con la de Madrid. Algo más tarde ambas constituyeron un solo Instituto, el «Miguel Asín» que tomó su nombre del gran arabista fallecido en 1944.

Con el paso de los años la Escuela de Madrid tomó la denominación del anterior Instituto, quedando sólo la de Granada con su nombre primitivo. Hoy, con el antiguo «Miguel Asín» convertido en el Departamento de Estudios Árabes del Instituto de Filología, la Escuela de Estudios Árabes de Granada, además de ser la única que conserva el nombre, es también el único centro propio del Consejo dedicado a los estudios árabes.

Volviendo a los años inmediatos de la posguerra, junto a la mencionada labor pedagógica con los alumnos de la Casa de Marruecos, la Escuela se estructuró en cuatro secciones: Filología Árabe, Historia de los musulmanes, Derecho e instituciones islámicas y Bibliografía.

Más tarde se creó la Sección de Filosofía hispanomusulmana, concretamente en 1955. A cambio de ello otras secciones se suprimieron, aunque no simultáneamente, y así en 1963 desapareció la de Historia y en 1972 la de Bibliografía. Aún habría nuevas reestructuraciones que iban a concluir en que las Secciones, ahora llamadas Unidades Estructurales de Investigación quedaban reducidas a dos: Filología Arabe e Historia del Islam. Un último cambio suprimiría las Unidades, quedando englobadas aquellas bajo la denominación general de Departamento de Estudios Arabes.

A lo largo de este período, es decir con la Escuela ya incorporada al Consejo, su vinculación con la Universidad, y de modo concreto con la Facultad de Letras y con su Sección de Filología Semítica, siguió siendo estrecha, fundamentalmente porque, al no disponer de personal investigador propio, eran los catedráticos de Árabe e Historia del Islam los que desempeñaban esta labor. También la Biblioteca estuvo atendida por profesores de Árabe.

La vinculación oficial del personal universitario a la Escuela permitió mantener una actividad y desarrollar, con más o menos altibajos, una labor. Pero, sobre todo en los últimos tiempos, se tenía la conciencia de que la única solución lógica para el futuro de la Escuela era disponer de personal propio que, sin menguar sus relaciones con la Facultad, llevara a cabo trabajos gestados, desarrollados y culminados íntegramente en ella, abriendo cada vez más vías y buscando cumplir el verdadero objetivo investigador del centro.

A partir de 1979 el Consejo comenzó a dotar plazas de personal científico al que luego seguiría otro de apoyo que facilitara las funciones del centro. Con el nuevo personal incorporado plenamente a la Escuela, ésta orienta hoy su investigación, de modo prioritario, hacia la España musulmana y dentro de ella, de manera más concreta, hacia el arte, la arquitectura, la historia, la sociedad, las ciencias agronómicas y médicas, así como hacia el estudio de las últimas etapas del islam granadino y de los moriscos.

A la tarea investigadora, lógicamente prioritaria, se une la organización de cursos especializados que cada equipo de trabajo ofrece, ciclos de conferencias que, a nivel divulgativo, se dieron en su momento, la formación de doctores y las publicaciones que, sistemáticamente, van apareciendo. Habría que señalar, además, que los investigadores de la Escuela están integrados en instituciones académicas locales y nacionales, forman parte de comités científicos y editoriales, asimismo de ámbito local y nacional, además de colaborar con diversas entidades de dentro y fuera de España. De este modo, su trabajo tiene una proyección que trasciende más allá de la simple publicación de sus investigaciones, con ser éste el objetivo primero y fundamental de su actividad.

Cabría concluir que entre la fecha citada y la actual, la Escuela ha empezado a vivir una nueva época, que me atrevería a llamar tercera etapa, cuyos resultados ya son tangibles y de la que cabe esperar una gestión tan brillante, al menos, como la que en sus primeros años alcanzó.

Relación de directores, que como titulares o de forma interina o accidental, ha tenido la Escuela desde su fundación hasta el momento:

  • D. Emilio García Gómez (titular): 1932 – 1935
  • D. Salvador Vila Hernández (accidental): 1935 – 1936
  • D. Ángel González Palencia (interino): 1937 – 1938
  • D. Antonio Gallego Burín (accidental): 1938 – 1943
  • D. Luis Seco de Lucena Paredes (titular): 1943 – 1972
  • D. Darío Cabanelas Rodríguez (titular): 1972 – 1983
  • D. Jacinto Bosch Vilá (en funciones): octubre-noviembre 1983
  • D. Camilo Álvarez de Morales y Ruiz-Matas (titular): 1983 – 1989
  • D. Luis Molina Martínez (titular): 1989 – 1998
  • D. Antonio Almagro Gorbea (titular): 1998 – 2005
  • D. Juan Castilla Brazales (titular): 2005 – 2013
  • D. Antonio Orihuela Uzal (titular): 2013 – 2017
  • Dña. Mayte Penelas Meléndez (titular): 2017 –

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