Excavaciones arqueológicas en el Alcázar de Guadalajara (1ª campaña)

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El Laboratorio de Arqueología Medieval de la Escuela de Estudios Árabes de Granada (CSIC), comenzó el día 1 de agosto la 1ª campaña oficial de excavaciones en el Alcázar de Guadalajara, bajo la dirección del Dr. Julio Navarro Palazón (CSIC), en el marco del convenio firmado con el Ayuntamiento de esa ciudad. Se trata de un proyecto que está previsto se desarrolle a lo largo de los próximos cuatro años y que comprende la excavación, restauración y puesta en valor de dicho monumento, cuyas ruinas se ubican en el centro de la ciudad de Guadalajara, en la calle de Madrid, próxima al Palacio del Infantado.

La historia de la ciudad se remonta a época emiral cuando Guadalajara, denominada en las fuentes árabes como Madînat al-Faray y Wadi-l-hiyara, formaba parte de la Marca Media. La fundación de la ciudad estuvo muy condicionada por el carácter inestable de esta región debido a los enfrentamientos con los ejércitos cristianos, además de las luchas entre las propias tribus árabes. El periodo de mayor inestabilidad finalizó con la ascensión al trono de ‘Abd al-Rahmân III, quien dio inicio al brillante califato cordobés y recuperó la iniciativa militar contra los reinos cristianos del norte, convirtiendo Guadalajara en una base privilegiada de sus campañas, según demuestran las crónicas de la época. Tras la conquista de la ciudad en 1085, el Alcázar pasó a propiedad de la Corona castellana, manteniendo, como en época precedente, sus funciones de centro militar y sede del gobernador delegado por el poder señorial, cuando no de la propia familia real. En él residieron alguna temporada la reina Berenguela, los reyes Fernando III, Sancho IV, Alfonso XI, y las infantas Berenguela, hija de Alfonso X, e Isabel, primogénita de Sancho IV, ambas Señoras de Guadalajara. En tiempo de los Trastámara permaneció en uso, pues sabemos que allí se celebraron Cortes del Reino en 1390 y en 1408. En 1461 D. Diego Hurtado de Mendoza, alcaide del Alcázar, mandó construir sus nuevas casas principales, el Palacio del Infantado, a cuya fábrica se dice que ayudó el propio Alcázar Real. La existencia del nuevo palacio debió de ocasionar finalmente la decadencia del alcázar medieval que a partir de entonces sirvió de almacén y cantera para los distintos proyectos edificatorios de los Mendoza. Sus dependencias, abandonadas y arruinadas, fueron destruidas en 1778 para construir en su interior la ampliación de la Real Fábrica de Paños, instalada con anterioridad en el inmediato Palacio de Montesclaros. De la demolición se salvaron los muros exteriores que, tras la reforma, acogieron un nuevo edificio compuesto por cuatro crujías en torno a un patio central. A partir de la Guerra de la Independencia el inmueble recuperó su carácter militar, transformándose en 1833 en Academia Superior de Ingenieros y sufriendo una importante remodelación en 1860. Posteriormente fue cuartel de Santa Isabel y San Carlos, y Colegio de Huérfanos de la Guerra. En 1936 fue bombardeado e incendiado, quedando al descubierto las enmascaradas murallas de la fortaleza medieval, estado en el que permanece en la actualidad.

El plan global de actuaciones en las ruinas del antiguo Alcázar de Guadalajara contemplaba una serie de actuaciones de limpieza, previas al inicio de las excavaciones y necesarias para hacer la documentación y el estudio de las estructuras arquitectónicas emergentes. Estos trabajos se realizaron entre noviembre de 2004 y abril de 2005 y han consistido en la retirada de las terreras que se generaron durante los sondeos realizados hace años por una empresa arqueológica y en el desbroce de la vegetación que espontáneamente había crecido en el interior del edificio. Además se ha ejecutado un detallado levantamiento fotogramétrico con el fin de contar con unas buenas planimetrías del estado actual del monumento sobre las que realizar los proyectos de restauración y consolidación y una primera aproximación arqueológica a la historia y características del edificio.

De esta manera se han podido distinguir ya cuatro grandes fases constructivas: alcázar islámico (siglos IX – XI); gran palacio bajomedieval de raigambre mudéjar (s. XIV); Real Fábrica de Paños (s. XVIII) y cuartel decimonónico.

El resultado más relevante de los trabajos previos de limpieza ha sido la identificación de un gran palacio mudéjar, obra probablemente de Alfonso XI, del que incluso se ha elaborado una primera planta hipotética en la que se puede identificar un edificio rectangular. Está organizado en torno a un eje principal que, orientado de sur a norte, articula ciertos espacios públicos, como son la puerta monumental en recodo recto del frente meridional y el patio de crucero, para culminar en el salón del trono que hay en el interior de la torre central del frente norte. El gran patio de crucero con andenes estaba circundado por un pórtico períptero que, al menos en los lados mayores, reposaría en pilares hexagonales; en su espacio central se situaba una gran alberca rectangular, dispuesta en el sentido del eje ya descrito. En las crujías situadas tras los pórticos oriental y occidental se ubicarían tanto los espacios domésticos más privados, aislados de la zona pública central y emplazados de forma periférica, como también algunas salas abiertas al patio que formaban parte del área oficial y de las que aún tenemos muy poca información.

El salón del trono es sin duda el elemento arquitectónico más destacado del edificio. Se trata de una qubba de planta cuadrada que, al igual que en el famoso palacio de Comares de la Alhambra, ocupa la totalidad de la gran torre septentrional. Como es habitual en esta arquitectura de tradición andalusí, el salón aparece precedido de una sala oblonga abierta al pórtico. Considerando que el esquema descrito es el mismo que vemos en Comares y la similar cronología de ambos palacios, resulta especialmente valioso el estudio del alcázar alcarreño, pues cuando conozcamos su planta completa sabremos mucho más del interesante fenómeno de la exportación de los modelos arquitectónicos nazaríes y su reelaboración en tierras cristianas. El hecho de que, probablemente, el palacio de Guadalajara sea algunos años anterior al de Comares hace aún más interesante este estudio comparativo pues podremos por primera vez analizar cómo los modelos andalusíes una vez reelaborados en tierras castellanas hacían el viaje de vuelta influyendo en los nazaríes.

Esta primera campaña de excavación tendrá una duración de 4 meses y comprenderá, además de los trabajos de campo, los específicos de laboratorio, consistentes en la limpieza, clasificación, inventario y restauración de los materiales muebles descubiertos, así como en el dibujo y la fotografía de los restos más destacados. Se realizará una excavación en extensión (200 m2) en todo el frente sur junto a la torre de la puerta original, y se intervendrá en alguno de los sondeos ya existentes, realizando pequeñas ampliaciones encaminadas a aclarar algunos puntos oscuros de la organización general del edificio.

Paralelo a las tareas de excavación se ha iniciado también un proyecto de acondicionamiento de las ruinas, dirigido por el Dr. Antonio Almagro (CSIC), que comprenderá la construcción de un centro de interpretación provisional y de un circuito interior, con el fin de que el monumento pueda ser visitado sin obstaculizar las labores arqueológicas y con las medidas de seguridad necesarias. De esta manera, todos los interesados que lo deseen podrán seguir paso a paso el proceso de excavación arqueológica y de consolidación de los restos, convirtiendo estos trabajos en un atractivo más para los visitantes. La culminación del proyecto supondrá para Guadalajara la recuperación de un monumento situado en pleno centro urbano, esencial para entender la historia de la ciudad, así como por el conocimiento de un edificio que, con los escasos datos de que aún se disponen, se revela fundamental para la comprensión del arte y la arquitectura medievales.

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