Historia del LAAC

El Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad o LAAC (código HUM-104 del Plan Andaluz de Investigación) es un grupo multidisciplinar cuyos componentes pertenecen al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y a las universidades de Granada y Sevilla en su mayor parte. El personal adscrito al CSIC tiene su sede en el edificio del Carmen de los Mínimos, que forma parte de la Escuela de Estudios Árabes (EEA) de Granada. Sus líneas de trabajo están en conjunto relacionadas con la investigación arqueológica e histórica del urbanismo y la arquitectura islámicos en un sentido amplio, y muy especialmente en lo referente a al-Andalus, trabajando en estrecha colaboración arqueólogos, historiadores del arte, arquitectos, arquitectos técnicos y restauradores.

La Escuela de Estudios Árabes de Granada fue fundada por Ley de 27 de enero de 1932, aunque su inauguración oficial tuvo lugar el 21 de noviembre de 1932. En un primer momento fue orientada hacia la enseñanza de la lengua y la cultura árabes, planteándose tres objetivos principales: 1) ampliar los estudios árabes dotándolos de medios técnicos, en estrecha colaboración con el departamento correspondiente de la Universidad de Granada, 2) ejercer alguna influencia en la vida social de la ciudad de Granada, cuyo pasado está tan ligado a su herencia árabe e islámica, y 3) servir de principal nexo de unión cultural entre España y la juventud árabe y musulmana.

Como sede se eligieron las viejas Casas del Chapiz, declaradas Monumento Arquitectónico-Artístico por Real Orden el 8 de noviembre de 1919, que fueron compradas con el dinero recaudado por la venta de entradas a la Alhambra. Uno de los dos representantes del Estado en esta adquisición fue D. Leopoldo Torres Balbás quien, entre 1929 y 1930, inició los trabajos de restauración, para que una vez concluidos en 1932, se instalara allí la recién creada Escuela de Estudios Árabes.

Su primer director, D. Emilio García Gómez, quiso proporcionar cierta garantía de continuidad al centro ante las imprevisibles circunstancias de la cambiante política nacional de entonces, de modo que, sin comprometer en ningún momento la independencia de la Escuela, determinó que ésta se mantendría “a la sombra de la Universidad”. Así pues, la Escuela sería “aneja, aunque independiente, de la Facultad de Letras de la Universidad granadina”, y estaría “regida por un Patronato constituido por el rector de la Universidad, el decano de la Facultad de Letras, el arquitecto-conservador de la Alhambra y dos catedráticos de la Facultad de Letras, uno de ellos libremente designado por la misma y el otro el de lengua arábiga, que será el director técnico de la Escuela”.

Así es como entran en contacto con la Escuela las primeras personalidades vinculadas con el Arte, la Arquitectura o la Arqueología de al-Andalus, puesto que a dicho Patronato pertenecieron Antonio Gallego y Burín, que entonces era decano de la Facultad de Letras, y sobre todo Leopoldo Torres Balbás, a la sazón arquitecto-director y conservador de la Alhambra. Ambos, a su vez, se ocuparon desde entonces del Curso Elemental de Arqueología Musulmana, que formó parte del primer Plan de Enseñanzas de la Escuela. Asimismo, en la sección de Arte y Arqueología se comenzó a impartir un curso sobre Técnica artística de las industrias arábigo-granadinas, a cargo de Miguel Álvarez Salamanca, profesor de la Escuela de Artes y Oficios, dirigido sobre todo a obreros, con lo que podríamos hablar de una primera iniciativa de formación de técnicos en restauración especializados en arte y arquitectura andalusíes. En el curso 1934-1935, al menos, se impartieron dos cursos monográficos: el de Arqueología arábiga, lo dio Antonio Gallego Burín, y el de Arte hispanomusulmán, Henri Terrasse. Así pues, el Arte y la Arqueología andalusíes comenzaron desde un primer momento a formar parte de los planes de estudio de la Escuela de Estudios Árabes de Granada como uno de sus pilares fundamentales, ocupando un lugar importante entre las preocupaciones académicas y científicas de sus miembros.

En cuanto al Plan de Trabajos Científicos con que contaba la Escuela en estos primeros años, hemos de mencionar, en lo relativo a Arte y Arqueología, diversas iniciativas. La primera es la del arquitecto Francisco Prieto-Moreno que comenzó a realizar los trabajos preparatorios para el levantamiento de un nuevo plano de la Granada musulmana, de acuerdo con las nuevas investigaciones del momento. Por su parte, Manuel Gómez-Moreno preparaba entonces una obra sobre la Cerámica de la Alhambra. Leopoldo Torres Balbás dirigía y organizaba la Crónica arqueológica de la España musulmana, que aparecía semestralmente en la revista Al-Andalus. Antonio Gallego y Burín preparaba sus estudios sobre El arte en Granada, y en concreto su volumen I: La Alhambra. El entonces becario. Manuel Ocaña Jiménez realizaba Estudios Arqueológicos sobre la Córdoba musulmana (topografía, epigrafía, etc.).

Años más tarde, en 1943, Jesús Bermúdez Pareja comienza a impartir su curso monográfico sobre Arqueología Musulmana. A partir de 1955, también tendrá alguna colaboración en el campo del Arte y la Arqueología el Padre Darío Cabanelas (OFM), a pesar de que pertenecía a la sección de Filosofía Hispanomusulmana, comenzando en 1974 un trabajo sobre las inscripciones de la Alhambra junto con Antonio Fernández Puertas, entonces becario de la Escuela y más tarde Director del Museo de la Alhambra y Catedrático de Historia del Arte de la Universidad de Granada..

Toda esta gloriosa tradición de la Escuela habría servido de poco si el Consejo Superior de Investigaciones Científicas no hubiera decidido dotarse de personal propio, creando toda una serie de plazas vinculadas a la Arquitectura y a la Arqueología islámicas. Esta decisión permitió la incorporación de una serie de investigadores que han consolidado novedosas líneas de investigación; el primero fue Antonio Almagro (23 de febrero de 1987), seguido al año siguiente por Antonio Orihuela. Siendo director de la Escuela Antonio Almagro se creó la plaza de Arqueología Islámica, que sería ocupada por Julio Navarro en el verano de 2001. En febrero de 2006 se incorporará al equipo Pedro Jiménez Castillo. En 1989 Antonio Almagro, acogiéndose al Plan Andaluz de Investigación crea un grupo denominado “Arquitectura Hispano-musulmana” formado por varios miembros de la Escuela y por profesores de las universidades de Granada y Sevilla. En 2003 es Julio Navarro el que creará otro grupo denominado “Islam Medieval: historia, arqueología y conservación del patrimonio” al que se incorporan otros miembros de las universidades andaluzas ya mencionadas. La habitual práctica de trabajo en común de ambos grupos se quiso oficializar en 2007 unificándonos en uno sólo, bajo la denominación de “Laboratorio de Arqueología y Arquitectura de la Ciudad”. Con tal unificación pretendemos dar los primeros pasos para convertirnos en una unidad mixta.

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