Lengua y literatura en la Granada andalusí

Mariana Kalaitzidou
Escuela de Estudios Árabes (CSIC)

La literatura ocupa, sin duda, un lugar destacado entre las disciplinas que se cultivaron en al-Andalus. Desde la Córdoba omeya hasta la Granada nazarí fue vehículo de expresión de una sociedad distinta a la vez que homogénea. La andalusí fue una literatura de características muy particulares. Fue precisamente esa singularidad la que le abrió hueco entre las demás literaturas. Pero no representó sólo las ideas, aspiraciones, preocupaciones e intereses de una sociedad a lo largo de unos siglos determinados, sino que reflejó, además, su situación lingüística.
Cuando el árabe se introdujo en la Península Ibérica y adquirió la categoría de lengua oficial, tuvo que convivir con las lenguas que hablaban las distintas comunidades que poblaban al-Andalus; a saber: el romance, una lengua derivada de la fragmentación del latín vulgar que llegó a utilizarse en la poesía estrófica; el hebreo, vehículo de comunicación de los judíos, empleado por éstos junto con el árabe en sus manifestaciones literarias; el beréber, débil competidor con la lengua del Corán pese a la importante presencia de beréberes en al-Andalus; y el dialecto hispanoárabe, utilizado no sólo en la comunicación diaria, sino también en excelentes expresiones literarias, como fue el caso de los zéjeles.
A pesar de la diglosia y el bilingüismo, ambos presentes en la Península, el árabe clásico fue el vehículo de expresión de la mayor parte de su literatura. Fue también elemento de unión entre musulmanes y gentes de otras religiones, así como símbolo de cultura, característica de identidad y punto de conexión entre al-Andalus y Oriente.
Aunque la literatura andalusí siguió las pautas marcadas por la literatura oriental, muy pronto se expresó con voz propia, asimilando y reinterpretando las obras producidas en tan lejanas tierras y produciendo nuevas formas literarias. Entre los géneros que más se desarrollaron destaca, sin duda, la poesía, que tuvo un papel importante en el ámbito político. Claro ejemplo de esto último fueron las manifestaciones poéticas desarrolladas en la Granada andalusí.
La literatura hispanoárabe vivió su última época de esplendor precisamente en la Granada nazarí, marco geopolítico y social en el que dejó excelentes muestras poéticas. Éstas no sólo han quedado registradas en los divanes o antologías de los compositores, sino que pueden admirarse directamente en los muros, arcos, fuentes y tacas de los palacios alhambreños.
La poesía arábigogranadina fue principalmente cortesana, en tanto en cuanto se desarrolló en la corte y sirvió a los soberanos. Los poetas de la época eran en esencia funcionarios y artesanos de la lengua que trabajaban en gremios bajo la supervisión de un maestro. En la corte granadina había una especie de ministerio cuyo responsable se encargaba de redactar las cartas oficiales del sultán y los poemas en honor del soberano con motivo de batallas ganadas o acontecimientos relevantes. Los poetas, además, participaban en la vida política del reino y eran testigos de los contactos y encuentros que mantenían los monarcas nazaríes con sus homólogos de otros países.
De acuerdo con un orden cronológico, el primero de estos poetas al que debemos referirnos es Ibn al-Hakim de Ronda, arráez del Diwan al-insha’ o ‘Secretaría de Redacción’ de la corte nazarí, que vivió entre la segunda mitad del s.XIII y principios del s.XIV. Desgraciadamente, no se han conservado muchos de sus poemas. Un caso distinto lo constituye Ibn al-Yayyab, discípulo del anterior. Este poeta granadino vivió entre la segunda mitad del s.XIII y la primera del s.XIV y ostentó, al igual que su maestro, el cargo de arráez. Sobreviviendo a las intrigas palaciegas, trabajó para la corte nazarí durante más de cincuenta años, algo sumamente insólito e inexplicable en aquellos tiempos. Su discípulo Ibn al-Jatib ocupó después su cargo y continuó la labor de su maestro poniéndose al servicio del sultán nazarí.
Nacido en Loja, Ibn al-Jatib vivió en el s.XIV. La ingente profusión de su obra se debió principalmente a su condición de polígrafo, que le llevó lo mismo a cultivar poesía de corte que a redactar tratados de filosofía. Con todo, su faceta de historiador es la que dejó una mayor huella en los siglos posteriores a su muerte. En tal sentido, conviene saber que ha sido considerado por estudiosos y analistas de su obra, riquísima en información, como el historiador por excelencia del reino de Granada.

Poema

Poema

Los poemas de Ibn Zamrak han llegado a ser célebres. Nacido en el levante español, este discípulo de Ibn al-Jatib se trasladó a Granada y fue en esta ciudad en la que se distinguió como poeta, erudito y prosista. Vivió en el s.XIV y a través de su maestro pasó al servicio de la corte nazarí. La mayoría de los poemas epigráficos que se conservan hoy en los palacios granadinos se deben a él y por eso se le ha considerado ‘el poeta de la Alhambra’ por excelencia.
Ya en la última etapa del reino nazarí destacaron otros poetas-funcionarios, cuyos versos, no obstante, han sido menos valorados. Cabe citar entre ellos a Ibn Furkun, panegirista de la corte; el mismo sultán Yusuf III, que también compuso poesía; Ibn ‘Asim; o Muhammad b. ‘Abd Allah al-Uqayli, panegirista del rey Boabdil.
Dado que constituye en sí misma una fuente de datos importantes, la poesía nazarí, además de por su valor histórico, destacó por su calidad estética. En muchos casos fue pensada para ser tallada sobre paños de yesería, tacas, fuentes o frisos de madera. En tal contexto el elemento caligráfico estuvo estrechamente relacionado con el contenido poético. No olvidemos a propósito de esto último la importancia que ha tenido la escritura en el mundo islámico, al representar el cuerpo visible de la palabra divina. Precisamente, el hecho de ser un medio de materialización, transmisión y conservación del mensaje identificado con la palabra de Dios -en definitiva de la revelación divina- le ha otorgado siempre un lugar privilegiado. Y desde esa posición adquiere importancia la poesía epigráfica, ejemplo extraordinario, original, singular y bello de la literatura arábigogranadina.
Los poemas epigráficos de los palacios alhambreños se erigen muchas veces en voz de los elementos arquitectónicos sobre los que están tallados. En otras ocasiones describen el lugar en el que se hallan. Tal es el caso, por ejemplo, de los versos inscritos en las tacas de acceso al pórtico norte del Generalife, que se atribuyen a Ibn al-Yayyab -«arco en la puerta del salón más feliz para servir a la Majestad en el mirador…» (trad. M.J. Rubiera)-; o los tallados en las tacas de acceso al Salón de Comares, cuyo autor, Ibn al-Jatib, pone en boca de la misma hornacina las siguientes palabras: «A todas las bellas supero en hermosura, con mis adornos y mi corona…» (trad. M.J. Rubiera).

Poema de las galerías de Arrayanes (verso I)

Poema de las galerías de Arrayanes (verso I)

Las casidas que siguen decorando los palacios alhambreños se corresponden también con panegíricos compuestos para celebrar las victorias de los sultanes. Ejemplo representativo de esto último lo constituye un poema del Patio de Arrayanes escrito por Ibn Zamrak con ocasión de la victoria en Algeciras: «A espada y a la fuerza en Algeciras entraste, abriendo puerta antes cerrada…» (trad. E. García Gómez).
Hay otros poemas que hablan de la gloria de los constructores. Así se ve en los versos que adornan la fuente de los Leones, atribuidos también a Ibn Zamrak: «¡Bendito quien dio al sultán Muhammad estas moradas que por su belleza son gala de las mansiones!» (trad. M.J. Rubiera).
Aunque la poesía epigráfica desempeñó un papel primordial en la Granada andalusí, conviene saber que también en este ámbito se cultivó una poesía de temática distinta, compuesta a veces por los mismos poetas funcionarios, cuyos versos eran destinados a embellecer aún más los palacios nazaríes. Ibn al-Yayyab, por ejemplo, a la vez que escribió casidas elogiando al sultán, compuso adivinanzas en verso. Asimismo, Ibn al-Jatib compuso una casida mawlidiyya, con ocasión de la celebración del nacimiento del Profeta.
En el último periodo de la poesía arábigogranadina, también se escribieron epitafios poéticos, dedicados lo mismo a príncipes que a personajes del ámbito privado. No faltaron tampoco los poemas inspirados en el estado permanente de guerra que vivió el reino en sus últimos años.
A la literatura granadina le tocó vivir el último periodo de esplendor hispanoárabe. A pesar de la decadencia de los últimos años, dejó excelentes muestras literarias y hubo autores que destacaron cada uno en su época y en su género, contribuyendo así a que el reino de Granada tuviese su propia personalidad, destacase por su cultura, y dejase, no sólo a los granadinos de las generaciones siguientes, sino a cualquier persona amante de la historia de la humanidad, un patrimonio cultural inestimable y único.

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